domingo, 7 de marzo de 2010

algunos poemas zen

La brisa primaveral se eleva suavemente sobre el distrito de Chang. La perdiz canta tiernamente entre los arbustos cargados de flores. La carpa que salta la turbulenta catarata que se parte en tres se convierte en dragón… Y ¡qué necio es quien aun de noche la busca en la alberca! Las flores se van cuando nos apena perderlas, los yuyos llegan mientras nos apena verlos crecer. Como el cielo vacío, carece de límites, pero está en su lugar, siempre profundo y claro. Cuando tratas de conocerlo, no puedes verlo. No puedes agarrarlo, pero no puedes perderlo. Al no poderlo tomar, lo tomas. Cuando callas, habla; cuando hablas, calla. El gran portón esta abierto de par en par para dar limosnas, y ninguna multitud bloquea el camino. Una rama despojada de hojas, un cuervo posado en ella… Este atardecer de otoño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario