
Ser y estar sin accion. La aventura mas grande que puede emprender la mente humana.
No podes hacerlo, no podes practicarlo, solo puedes entenderlo. Cuando paro toda tu actividad humana y simplemente sos.
Solo tenes que encontrar un tiempo para ser y no hacer. Contemplar sin pensar, encontrar tu centro, es es meditar.
Hay que encontrar la manera en la que tu ser, se encuentre inperturbable y cuando puedas empezar a hacer cosas sin que tu cuerpo se agite, tambien estaras meditando.
La meditacion no te enseña a escapar de la vida, te muestra una nueva forma de vida. Tu vida sigue, pero con mayor intencidad; con mas alegria, con mas claridad, vision y creatividad, te coloca por encima y ya no sos el que hace si no el que observa.
Esa conciencia, esa observación, se tiene que mantener absolutamente clara, sin nubes, sin perturbación.
El núcleo esencial, el espíritu de la meditación, es aprender a presenciar.
Cada cosa que hagas, nunca debe ser inconcsiente, debe ser meditada.
El primer paso a la conciencia es ser muy conciente de tu cuerpo. Muy de a poco, uno se vuelve más conciente de cada gesto, de cada movimiento. Y al hacerte más conciente se da un milagro: Muchas cosas que antes solías hacer desaparecen; tu cuerpo se relaja más, se hace más armónico, prevalece una paz profunda, pulsa una música sutil.
El milagro de la conciencia es que no necesitás hacer nada excepto estar conciente.
Lo más importante es que estés alerta, que no te olvides de mirar, que estés observando…observando…observando…y, de a poco, cuando el observador se hace más sólido, estable, concreto y sin distracción, viene una transformación. Las cosas que estabas observando desaparecen; por primera vez, el observador mismo llega a ser el observado.

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